Resumen:
El desarrollo de la vitivinicultura mundial ha sufrido en las últimas décadas una fuerte erosión de su encepado, concentrándose su crecimiento sólo en aquellas variedades momentáneamente más exitosas (Cabernet-Sauvignon, Merlot, Pinot Noire, Syrah, Malbec, Chardonnay, Sauvignon blanc, etc.), y un mundo vitivinícola cada vez más despersonalizado; dado lo cual, reafirmar la propia identidad resulta imprescindible para afrontar un futuro con éxito. La tipicidad de los vinos viene determinada por la variedad de la uva y el entorno físico de la cepa y ha de expresarse lo mejor posible en el vino.
Es entonces que, en el patrimonio genético radica la verdadera riqueza vitivinícola de un país, la garantía de desarrollo y futuro en un mundo cada vez más globalizado que atenta contra una de las principales características del vino como es su diversidad; asimismo, el abandono o erradicación de los viejos viñedos presenta un peligro potencial de la pérdida irreparable de los cepajes minoritarios de la región.