Las especies introducidas (EI) son frecuentemente consideradas una de las principales
amenazas para la biodiversidad debido a sus impactos ecológicos. Este trabajo sintetiza la evidencia empírica sobre sus impactos en sistemas marinos, integrando registros de extinción y evaluaciones cuantitativas a partir de una revisión bibliográfica. Los resultados muestran que la evidencia es fragmentada, heterogénea y presenta vacíos. Los registros de extinciones son mayoritariamente débiles (85,7% basados en opinión de expertos), mientras que las extirpaciones se sustentan principalmente en evidencia correlacional discreta (36%) y opinión de expertos (32%). Asimismo, se identifican sesgos geográficos (66,9 % en el hemisferio norte) y taxonómicos: 7 de las 76 EI marinas evaluadas concentran el 31,37% de los estudios. A nivel metodológico, los diseños de efectos directos muestran baja heterogeneidad en el tamaño de efecto que detectan (I² ≈ 8%) y una alta proporción de resultados no significativos (92%), sin una direccionalidad consistente. En contraste, los efectos de mayor magnitud y variabilidad (I²≈ 50–54%) se concentran en diseños comparativos que contrastan estados ecológicos
alternativos, frecuentemente definidos en relación con condiciones históricas o
estructuralmente distintas. En conjunto, estos resultados, lejos de negar la posibilidad que algunas especies puedan ocasionar costos ecológicos, sugieren que la evidencia disponible no sustenta de manera concluyente la existencia de un impacto ecológico negativo global de las EI en sistemas marinos, y que una parte importante de la heterogeneidad de efectos observada podría responder a los contrastes metodológicos empleados. En este sentido, los impactos reportados reflejan en muchos casos desviaciones respecto a estados históricos más que efectos ecológicos directos consistentes, lo que cuestiona su interpretación como indicador generalizado de degradación en un océano sujeto a cambios abióticos acelerados.
Introduced species (IS) are frequently considered one of the main threats to biodiversity due to their ecological impacts. This study synthesizes empirical evidence on their impacts in marine systems, integrating extinction records and quantitative assessments through a literature review.
The results show that the available evidence is fragmented, heterogeneous, and contains important gaps. Records of extinctions are mostly weak (85.7% based on expert opinion), while evidence of extirpation relies primarily on discrete correlational evidence (36%) and expert opinion (32%). Geographic (66.9% of studies are made in the Northern Hemisphere) and taxonomic biases were also identified: 7 out of the 76 evaluated marine IS account for 31.37% of the studies. From a methodological perspective, direct-effect designs show low heterogeneity in the effect size they detect (I² ≈ 8%) and a high proportion of non-significant results (92%), with no consistent directionality. In contrast, effects of greater magnitude and variability (I² ≈50–54%) are concentrated in comparative designs that contrast alternative ecological states,
often defined relative to historical or structurally different conditions. Overall, these results do not dismiss the possibility that some species may cause detrimental ecological effects, but they suggest that the available evidence does not conclusively support the existence of a consistent global negative ecological impact of IS in marine systems, and that a substantial part of the observed heterogeneity in effect size is driven by methodological contrasts. In this context, reported impacts often reflect deviations from historical states rather than consistent direct ecological effects, calling into question their interpretation as a generalized indicator of degradation in an ocean subject to rapid abiotic change.